Propiedades de la cerveza
La cerveza como bebida alcohólica moderada, es un alimento que tomado en cantidades apropiadas puede suministrar al consumidor diversos ingredientes con interesantes propiedades refrescantes, nutritivas y funcionales para la salud de los consumidores.
En cuanto a su calidad sanitaria, la cerveza es una bebida esencialmente segura. Utiliza materias primas muy sencillas y fácilmente controlables. El agua y la cebada sufren un intenso tratamiento térmico en el proceso de fabricación, que destruye cualquier microorganismo presente, y los alfa-ácidos que aporta el lúpulo, la presencia de alcohol y el bajo pH reducen el riesgo de posible s recontaminaciones microbianas.
Debido a sus componentes la cerveza consta de una serie de propiedades funcionales:
Alcohol etílico
El consumo moderado de alcohol tiene efectos positivos para el organismo, siempre que se trate de individuos adultos, sanos y que no consuman fármacos con los que el alcohol pueda interferir.
El alcohol en cantidades moderadas, aumenta el colesterol asociado a las lipoproteínas de alta densidad en relación al nivel habitual que se da en personas abstemias. Este aumento del “colesterol bueno” reduce los riesgos de enfermedades y accidentes cardiovasculares.
Las bebidas alcohólicas constituyen un complemento importante de la dieta, aumentando el nivel de satisfacción y contribuyendo a la relajación necesaria para una buena digestión y una adecuada absorción de nutrientes.
Folatos
Reducen el riesgo de anemia megaloblástica y de mal formaciones en la médula espinal. La ingesta diaria de cerveza, supondría una cantidad óptima de folatos que no se destruyen al no someterse a ningún tipo de tratamiento térmico ni de oxidación.
Polifenoles
Son antioxidantes naturales que potencialmente podrían reducir los fenómenos oxidativos responsables del envejecimiento del organismo. Un litro de cerveza puede aportar a la dieta diaria un 20 % del consumo medio del total de polifenoles.
Fibra
Soluble que evita el estreñimiento, disminuye la incidencia de cáncer de colon y de diverticulosis, y rebaja la colesterolemia. Un litro diario de cerveza puede llegar a aportar un 60 % de la ingesta recomendable de fibra soluble y puede complementar el aporte de fibra de otros alimentos, como los cereales, muy ricos en fibra dietética insoluble.
Maltodextrinas
Su concentración habitual es de 2,6-3,5 % del peso de la cerveza. Las maltodextrinas tienen, como fuente energética, una posible propiedad funcional importante, lo que ha promovido su aplicación en formulas de bebidas para deportistas que practican disciplinas que exigen esfuerzos
prolongados. Cuando se formulan bebidas de este tipo con glucosa, este carbohidrato pasa rápidamente a la sangre, lo que produce una fuerte subida de la concentración de glucosa que induce la secreción de las hormonas que metabolizan esta sustancia. Si la subida ha sido muy puntual (en forma de pico agudo) las hormonas metabolizan y agotan rápidamente el substracto y permanecen en la sangre por algún tiempo, dando lugar a una hipoglicemia, que es justamente el cuadro que trata de evitarse con la ingesta de la bebida.
La formulación de bebidas con maltodextrinas corrige la posibilidad de hipoglicemia ya que la maltodextrina se metaboliza lentamente liberando unidades de glucosa que pasan progresivamente a la sangre y dan lugar a un pico de concentración de glucosa en sangre menos elevado y mas extendido.
Sodio
La cerveza es una bebida con muy bajo contenido en sodio y por lo tanto, muy adecuada para participar en las dietas hiposódicas. La relación de potasio a sodio en la cerveza, es de 15,7, lo cual confiere un fuerte efecto diurético.
A finales del siglo XVIII, la cerveza no podía quedar marginada del interés
de los ilustrados por la ciencia y el progreso. Con la incorporación de la energía del
vapor a la industria cervecera en 1784, se facilitó la trituración de la malta, la presión y
bombeo del agua para la limpieza de los depósitos y la refrigeración del mosto y la
conservación de la cerveza en frío mediante refrigeradores de compresión de vapor.
La
fecha capital de la cerveza moderna es el año 1876 cuando Pasteur mediante la
elevación de la temperatura en la fermentación consigue evitar la presencia de bacterias.
El producto final queda así pasteurizado y ya no se corrompe, manteniendo la cerveza
inalterable.
Gracias a estos avances, se consigue en la cerveza una estabilidad constante en su
sabor y la posibilidad de su elaboración en cualquier época del año, así como en
óptimas condiciones por todo el mundo.
A finales del siglo XVIII, la cerveza no podía quedar marginada del interés
de los ilustrados por la ciencia y el progreso. Con la incorporación de la energía del
vapor a la industria cervecera en 1784, se facilitó la trituración de la malta, la presión y
bombeo del agua para la limpieza de los depósitos y la refrigeración del mosto y la
conservación de la cerveza en frío mediante refrigeradores de compresión de vapor.
La
fecha capital de la cerveza moderna es el año 1876 cuando Pasteur mediante la
elevación de la temperatura en la fermentación consigue evitar la presencia de bacterias.
El producto final queda así pasteurizado y ya no se corrompe, manteniendo la cerveza
inalterable.
Gracias a estos avances, se consigue en la cerveza una estabilidad constante en su
sabor y la posibilidad de su elaboración en cualquier época del año, así como en
óptimas condiciones por todo el mundo.